Noche tras noche
volvía a pensarte,
y no es que el día
lograra borrarte.
Era imposible
ni por un instante
soñar que mi aire
rozara tu carne.
Ya no respirabas,
ya no aparecías,
y aún enterrada,
no te merecía.
Todos los besos
que no pude darte
son solo esquirlas
que el tiempo esparce.
Y un día cualquiera
eras otra sombra,
nadie te espera,
nadie te nombra.
Ya no respirabas,
ya no aparecías,
metida en un frasco,
aún te quería.