04 mayo 2012

No me etiquetes..todavía…

Ayer encontré entre las cosas de un amigo un enlace a un evento cultural en el que una amiga suya había obtenido un galardón. A priori, no juzgué ni le di color, solo leí el poema que ella, Gemma Serradell, había escrito y que es este:

No me etiquetes antes de que empiece
Escúchame primero con buen tino
Y luego me dirás que te parece.

Se tiende a encorsetar hasta las frases
Someter las palabras a cintura
Leerlas más allá de lo que se hace
Y buscarles los puntos….de sutura.

Se quieren constreñir los pensamientos
Como si sólo existieran A, B o C
Como si no pudiérase, entre ellos,
Escribirlos o pensarlos otra vez.

Armonizar conceptos y palabras
Articular las frases con ideas
Sincronizar quimeras desgarradas
Con otras más reales que mareas.

El pensamiento es libre, como el aire
Las ideas se esparcen por el viento
El agua se desborda sin que nadie
Sea capaz jamás de detenerlo.

Por eso ¡escucha! antes lo que digo
Antes de encasillarme aquí o allí
Pues no todos, respondemos al timo
De hacerse llamar J, o H, o Y.

Pues claro, me dio mucho que pensar, porque esta chica tiene todas las características para ser encasillada de una determinada manera, su origen, su entorno, etc. Pero luego uno rasca y se da cuenta de que su entorno social tiene otras connotaciones. Y el sistema de casilleros se te termina viniendo abajo, terminando por ser un absurdo.

La clasificación siervo-soldado-clérigo-noble se vino abajo con el resurgimiento de las ciudades y la aparición de la burguesía y los artesanos, y después cambió unas cuantas veces más. La gente se enfrentaba por cuatro comas puestas aquí o allá en un texto que solo unos pocos podían leer y mucho menos entender, y la sangre corría en maremotos. Y después por cambiar el rey, y después por las ideas. Y encima, las ideas cambian cada tres o cuatro lustros. Y el holocausto nuclear se conjuró con unos cuantos echando a martillazos un muro en un país de aburridos.

Pero algunos siguen empeñados en que determinados conceptos tienen color y bandera y solo son patrimonio de su pandilla. Conjuntos inamovibles de dogmas definen a sus camaradas y a sus enemigos.

No, ya no, se acabó. He ido al supermercado de las ideas, y he pasado de largo del mostrador donde me vendían la bandeja plastificada con las ideas de buen ver colocaditas encima (que escondían las ideas podridas en el fondo). He cogido el guante de escoger, para no mancharme con según que cosas y me he configurado mi propio kit. Me gusta a mi, y no me hace falta juntarme con nadie que haya hecho la misma selección para ponerme detrás de él en una manifa. Eso se acabó, quien quiera vivir de lo que yo pienso, se puede ir olvidando.

No me etiquetes por nada de lo que pienso, porque tengo muchas cosas en la cabeza que no te cuadrarían juntas, amigo.

PD: Si me leyese mi padre, me llamaría una cosa que a él le habían enseñado que era muy mala, librepensador. Jodíos curas, ya les vale.

PD …2: Gemma, enhorabuena por el galardón, te lo mereces

1 comentario:

pon dijo...

Cierto, lo de "librepensador" sonaba fatal. Quizás suena mejor "pensador libre".

Creo que las grandes ventajas de hacerse mayor y seguir cumpliendo años mientras se conservan/cultivan dos dedos de frente como mínimo, es darse cuenta de lo poco que una sabe, dudar de todo y, precisamente, desetiquetar la vida y la gente. Y apreciarlo.
Buena reflexión, Acrux. Mis felicitaciones a la poetisa, espléndido poema.